Los concejales que se van y sus causas

En la política distrital, o la política menuda como me gusta describirla a día de hoy, en un futuro no muy lejano casi que podría decir la mayoría de concejales no perderán su curul de manera abrupta, si no que comenzaran a desaparecer gradualmente del debate público, de decisiones ciudadanas y de conversaciones sobre el futuro político del distrito, cual cubo de hielo que comienza a diluirse poco a poco por la presión atmosférica, y para este caso por la presión social.



Por David Patiño | Y serán los llamados “quemados políticos”, dirigentes populares cuyo capital electoral, credibilidad o capacidad de negociación se ira debilitando a tal punto de hacer incierta su continuidad.

Otros, en cambio, se marcharán por decisión propia, algunos buscarán cargos en la administración, otros intentarán competir por una eventual Alcaldía, Asamblea, y algunos abandonarán la actividad electoral al comprender que el costo político de permanecer es superior a los beneficios de continuar.

El próximo ciclo político estará marcado por ciudadanos más exigentes, jóvenes votantes más preparados, más informados, mayor vigilancia sobre la contratación pública, circulación y veracidad de la información publicada en redes sociales y una evaluación más severa de los resultados.

La ciudadanía ya no observará únicamente cómo vota un concejal, sino también qué banderas del debate promueve, qué problemas resuelve y qué tan independiente es frente al alcalde de turno, los partidos y los grupos de interés.

En ese escenario, perderán fuerza los concejales que reduzcan su labor a asistir a sesiones, o solo a aprobar proyectos de acuerdo a pupitrazo, o reproducir discursos partidistas. El Concejo no puede convertirse en un apéndice del gobierno distrital. Su legitimidad dependerá, entre muchos aspectos, de su capacidad para examinar la gestión pública, exigir explicaciones y representar las preocupaciones reales de la comunidad.

La legislación colombiana contempla consecuencias políticas y jurídicas para conductas como la violación del régimen de inhabilidades e incompatibilidades, los conflictos de intereses, la indebida destinación de dineros públicos, el tráfico de influencias y determinadas ausencias injustificadas a sesiones en las que se voten proyectos de acuerdo claves.

¿Quiénes podrían quemarse? Los concejales sin resultados visibles, aquellos quienes no pueden mostrar una agenda propia. Si durante el periodo no han impulsado debates relevantes, propuestas normativas, gestiones comunitarias o controles verificables, enfrentarán una pregunta difícil; ¿para qué regresar?

La política moderna exige resultados asequibles y comprobables. No basta con afirmar que se “trabajó por la ciudad”, será necesario demostrarlo mediante debates, documentos, proposiciones, seguimiento a compromisos y respuestas concretas para los barrios.

Los aliados incondicionales del alcalde, la cercanía con la administración no es, por sí misma, una falta. El problema surge cuando la alianza partidista elimina la independencia del concejal. Un concejal que aprueba todo, que evita cuestionar y defiende a la administración incluso frente a evidentes falencias y problemáticas puede terminar identificándose como parte del gobierno, aunque formalmente pertenezca a la corporación de control.

El control político pierde credibilidad cuando los intereses electorales o los acuerdos burocráticos pesan más que la vigilancia institucional. Investigaciones dirigidas a los concejos municipales señalan que los obstáculos frecuentes son la falta de acceso a información primaria, el desinterés de corporados por controvertir las acciones de los funcionarios de gobierno, secretarios y directores siendo permisivos y el limitado manejo de herramientas tecnológicas para ejercer el control político.

Los concejales de confrontación constante, también pueden quemarse quienes convierten cada debate en una pelea personal. La oposición es necesaria, pero la agresividad sin argumentos desgasta, el ciudadano distingue entre una denuncia sustentada y un espectáculo político.

La confrontación permanente produce visibilidad inmediata, likes, viralización momentánea pero no necesariamente construye confianza. Un concejal que acusa sin argumentos, que exagera los hechos o convierte las redes sociales en escenario de ataques personales, puede terminar perdiendo autoridad, incluso cuando plantea problemas reales.

Los Concejales y sus intereses particulares, la ciudadanía observa con mayor atención a los concejales que intervienen en asuntos relacionados con contratistas, operadores de servicios, sectores económicos o grupos que hayan financiado sus campañas.

El riesgo no está solamente en una conducta ilegal, también existe un problema ético y político, cuando la comunidad percibe que el concejal representa a unos pocos y no a la colectividad en general. La falta de transparencia, los conflictos de intereses no declarados y el tráfico de influencias, pueden tener consecuencias jurídicas y afectar la investidura a futuro.

Los concejales ausentes y desconectados o los ni fu ni fa, un concejal que no asiste, no estudia los proyectos, no visita los territorios y no responde a sus electores, deja un vacío que otros ocuparán. La ausencia física puede ser sancionable en determinados casos, pero la desconexión política también produce una sanción electoral.

La comunidad no suele castigar solamente un error, con frecuencia castiga la indiferencia acumulada, cero contestaciones a mensajes vía WhatsApp, cero contestaciones a llamadas telefónicas de sus líderes y electores, no devuelven llamadas, no resuelven solicitudes, no vuelven al barrio, no llegan a la comuna que los eligió, no explican con argumentos una votación de un acuerdo circunstancial y no rinden cuentas de su gestión realizada, solo la foto para las redes con las obras del gobierno de turno como triunfo momentáneo.

Los concejales convertidos en títeres, el concejo municipal fue creado para representar a la ciudadanía y ejercer control político sobre la administración. Sin embargo, su función se debilita cuando algunos concejales llegan a la corporación como delegados de un jefe político, un contratista, o un grupo económico con estructura electoral.

Estos concejales suelen presentar varias características, repiten argumentos construidos por terceros, sin manifestar públicamente sus razones valederas, cambian de posición cuando cambia la instrucción del grupo que los respalda, defienden proyectos que benefician a sectores específicos, evitan debatir asuntos relacionados con sus aliados políticos o económicos, utilizan la curul para conservar una red de favores, contratos o expectativas burocráticas, confunden la disciplina de partido con obediencia personal.

La lealtad política es legítima en una democracia. Lo que resulta problemático es que la lealtad hacia un dirigente privado, sustituya el mandato ciudadano. Un concejal puede pertenecer a un partido, respaldar un programa de gobierno o construir acuerdos con el alcalde, pero debe conservar la autonomía de discrepar, exponer sus votos y actuar conforme al interés general.

La oposición que gobierna desde las sombras, otra de las situaciones más difíciles de identificar es la del concejal que se presenta como opositor, pero avala juiciosamente todas las acciones del mandatario de turno. En público critica algunos aspectos de la administración; en votaciones decisivas, sin embargo, al final aprueba sus iniciativas, bloquea los debates incómodos o guarda silencio frente a posibles irregularidades.

No toda coincidencia con el alcalde significa complicidad. Un concejal de oposición puede apoyar un proyecto si considera que beneficia a la comunidad. La señal de alerta aparece cuando el respaldo se activa en modo automático, inexplicable y selectivo, se aprueba todo lo que favorece al gobierno, pero se exige control únicamente a los adversarios.

¿Quiénes podrían irse?, no todos los que salgan del Concejo estarán políticamente muertos. Algunos se retirarán porque buscarán nuevos espacios, un concejal con reconocimiento territorial puede aspirar a la Alcaldía, a la Asamblea Departamental o a un cargo directivo en la administración pública.

También pueden irse quienes comprenden que su partido no les garantiza una nueva candidatura, quienes pierdan el respaldo de su grupo político o quienes no logren resolver disputas internas. En muchos casos, la salida no se explica por la falta de votos, sino por la reorganización de alianzas y la búsqueda de nuevos liderazgos.

Existe, además, una salida menos visible, la del concejal que conserva el cargo o es reelegido, pero pierde influencia. Puede continuar en la corporación y, sin embargo, quedar aislado de las decisiones, sin capacidad de construir mayorías ni de liderar debates. En política, permanecer en la lista no siempre significa conservar poder.

En el próximo período político no solo estarán en riesgo los concejales que carecen de resultados o que han perdido contacto con la ciudadanía. También enfrentarán un fuerte desgaste aquellos que actúan como “cuerpo ajeno” dentro del Concejo, dirigentes que ocupan una curul, pero responden políticamente a quienes los promovieron, financiaron o colocaron en ese lugar.

El “cuerpo ajeno”, describe al concejal que parece tener voz propia, pero que en la práctica obedece instrucciones externas, defiende intereses particulares o vota de acuerdo a compromisos pactados por debajo de la mesa, que la ciudadanía desconoce. Aunque también es cierto hasta qué punto, el cuerpo ajeno sigue obedeciendo a su mentor, y posterior cuando ya ha crecido políticamente se sale del libreto y se rompen las alianzas internas y vienen las fracturas políticas, es ahí donde surge el nacimiento de nuevos liderazgos desde la división de intereses particulares.

Cómo debe ejercer el control político un concejal

El control político no debe confundirse con una acusación pública ni con una rueda de prensa. Debe ser un procedimiento serio, documentado y orientado a resultados.

Se deben formular consultas verificables, y debe partir de preguntas concretas, como ¿Cuánto dinero se contrató? ¿Cuál era la meta del programa? ¿Qué porcentaje de ejecución se alcanzó? ¿Quiénes fueron los beneficiarios? ¿Qué retrasos, adiciones, sobrecostos o modificaciones se presentaron? y ¿Qué medidas correctivas adoptará la administración?

Las preguntas generales producen respuestas generales y las preguntas respaldadas en cifras obligan a responder sobre hechos.

Solicitar información con anticipación, el concejal debe revisar el plan de desarrollo, el presupuesto, el plan anual de adquisiciones, los informes de ejecución, los contratos, los indicadores y las respuestas de los organismos de control. Sin información primaria, el debate corre el riesgo de convertirse en opinión.

La falta de acceso a información ha sido identificada como una de las principales dificultades para ejercer un control político eficaz.

Citar a los funcionarios competentes, aunque existan límites jurídicos y políticos para citar directamente al alcalde en determinadas circunstancias, el Concejo puede convocar a secretarios, directores, gerentes de entidades descentralizadas y responsables de programas para que expliquen su gestión.

La citación debe establecer claramente el tema, las preguntas, los documentos requeridos y los compromisos que deberán quedar registrados.

Hacer seguimiento, el debate no termina cuando se levanta la sesión. Un control político real debe incluir un seguimiento a los compromisos, fijar responsables, colocar plazos, dejar evidencias de lo actuado y el estado de sus avances. Sin seguimiento, el debate puede generar titulares, pero no transforma la gestión pública.

Rendir cuentas a la ciudadanía, es deber del concejal explicar qué encontró, qué solicitó, qué respuesta recibió y qué resultado obtuvo. La rendición de cuentas no debe limitarse a publicar fotografías de reuniones en redes. Debe presentar documentos, cifras, avances y dificultades.

La comunicación política más efectiva será aquella que traduzca los asuntos técnicos al lenguaje ciudadano sin deformar la información. No se trata de hacer propaganda, sino de permitir que los electores evalúen las actuaciones de sus representantes.

 

La verdadera razón de la salida

Algunos concejales se irán por decisión personal, otros por cálculo electoral y otros porque los ciudadanos les retirarán la confianza y perdieron credibilidad. Pero la causa de fondo será común, la pérdida de legitimidad.

Se quemará el concejal que no pueda explicar sus decisiones, que dependa excesivamente de un padrino político, que confunda lealtad partidista con subordinación, que use el control político como espectáculo o que no pueda mostrar resultados. Permanecerá, en cambio, quien logre combinar independencia, preparación técnica, presencia territorial y responsabilidad institucional.

El futuro no pertenecerá necesariamente al concejal que más grite ni al que más publique en redes sociales. Tendrá mejores posibilidades quien pueda demostrar que estudió los problemas, controló con pruebas, propuso soluciones y mantuvo una relación transparente con la ciudadanía.

En definitiva, la próxima renovación del control político distrital no se decidirá únicamente en las urnas. Comenzará mucho antes, en la memoria de los ciudadanos, en lo que recuerden de cada concejal, en las respuestas que recibieron y en la utilidad o no que hayan encontrado en su representación.

Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no van a votar. George Jean Nathan

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David Patiño - Politólogo, Asesor SVSP, Magister en Proyect Management, Asesor político, Estadista Criminal, - Reserva P. Mindefensa
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