Chesca: La voz que reconstruye el Cauca

La historia de Alejandra Valencia, conocida como "Chesca", es un testimonio de resistencia frente al horror. A través de su vida y liderazgo, nos enseña que la memoria es un acto de soberanía contra la violencia.


Por Lina Sáchez | ​La historia de Alejandra Valencia —o "Chesca", como la conocen quienes caminan junto a ella en la defensa de los derechos humanos— no es una crónica sencilla de contar. Es, en esencia, un relato crudo y profundamente humano sobre cómo transformar el dolor más insoportable en un motor colectivo de cambio. Nacida en el departamento del Cauca, una región marcada por décadas de un conflicto armado que ha dejado cicatrices indelebles, Chesca representa hoy una de las voces más contundentes y valientes de la población LGBTIQ+ en Colombia.

​Su identidad es, en sí misma, un acto de resistencia y un ejercicio de autodeterminación. Mujer de ancestro indígena que se autorreconoce como negra, Chesca ha navegado una realidad donde su existencia misma fue vista como una transgresión a lo "normal". Se formó como normalista y, aunque su estatura física es reducida, pronto se destacó en el ámbito deportivo a través de las artes marciales en la Universidad del Cauca. Sin embargo, ese fue también el escenario donde experimentó los primeros señalamientos: etiquetas denigrantes como "machorra" fueron la respuesta ante quien se atrevía a ser diferente en una sociedad que, históricamente, ha preferido el silencio y la adaptación sobre la diversidad.

​La violencia no fue un evento externo en la vida de Alejandra; fue una presencia constante. Su madre, quien trabajó para las Fuerzas Militares, fue víctima de abuso sexual en razón de su género y su posición. Chesca recuerda con nitidez la crudeza de su infancia, ocultada bajo una cama mientras presenciaba las consecuencias del conflicto en su propio hogar. Ese trauma, lejos de doblegarla, fue el catalizador que, a finales de la década de los noventa, la empujó a estudiar, investigar y prepararse para defenderse a sí misma y a otras mujeres como ella. No obstante, el camino estuvo plagado de obstáculos institucionales: desde la negación de acceso a baños públicos en la alcaldía hasta la estigmatización constante de quienes, por ser lesbianas o trans, eran señaladas como "enfermas" o "antisociales".

​El año 2013 marcó un punto de inflexión devastador cuando fue víctima de empalamiento, secuestro y tortura. "Tuve que morir para vivir", confiesa al describir el proceso de reconstrucción que tuvo que emprender tras ser invisibilizada por un sistema que, hasta la Ley 1448 de 2011, apenas comenzaba a reconocer a las víctimas de formas específicas de violencia. Hablar de estos hechos ha sido una batalla épica, enfrentando prejuicios arraigados que buscaban justificar la atrocidad bajo argumentos misóginos que pretendían que la violencia sexual era una herramienta para "corregir" la sexualidad de las mujeres. A pesar de todo esto, Alejandra se niega a maldecir; prefiere construir y exigir al Estado el restablecimiento de los derechos vulnerados.

​Su labor ha sido fundamental para el país. Como Directora General de la organización "Por Amor al Arte LGBTIQ+ del Cauca", Vicepresidenta de la Mesa Nacional de Promotores de Paz y Delegada de la Zona Pacífica de la Red Nacional de Mujeres Defensoras, Chesca ha sido una pionera incansable. Fue artífice de la primera iniciativa de memoria histórica LGBTIQ+ en el marco del conflicto armado y ha sido clave en la inclusión de esta población en los procesos de paz del Cauca y en los PDET del Macizo Colombiano. Como Consejera Comunitaria de Popayán y vocera de la Mesa de Derechos Humanos, Vida y Territorio, ha trabajado incansablemente para que las mujeres lesbianas y trans dejen de ser invisibles en la política pública.

​Más allá de su incidencia política y legislativa — donde destaca su trabajo en la creación del sexto eje de la Ley Estatutaria de la Juventud y su papel como ponente de la Ley 152 de 1994—, su mayor logro es haber sacado de la sombra los testimonios de quienes fueron silenciados. Alejandra relata con firmeza cómo mujeres trans eran llevadas a la guerra, sometidas a tratos degradantes, y cómo a mujeres lesbianas se les mutilaban partes de su cuerpo en una afrenta directa a su integridad y dignidad. Su labor no se queda en la denuncia; busca el equilibrio y la sanación. Recientemente, extendió un reconocimiento especial al docente Paul Alzate por su documental "Prohibido ser maricas", una obra que visibiliza el sufrimiento y el rechazo marcados por el conflicto.

​Con el lema "No somos un chiste", Chesca y su equipo han logrado confrontar la burla y la estigmatización que rodea a su población. En 2019, gracias a un proceso de recuperación emocional apoyado por la ONU, salió del país, pero al regresar en 2020 fue atacada nuevamente, resultando con daños permanentes en su rostro por defender los derechos de las mujeres trans. A pesar de ello, se niega a ocultar las huellas de esos ataques, pues afirma que mostrar esa marca reivindica su derecho a la vida y a la dignidad. Para ella, no es posible hablar de una "paz total" cuando las víctimas siguen sin sanar y cuando la estigmatización persiste con fuerza en los 42 municipios del Cauca.

​Hoy, la situación sigue siendo compleja. Con corte a agosto de 2024, las estadísticas oficiales registran más de 770 mil eventos victimizantes en el Cauca, siendo el desplazamiento forzado y el homicidio las realidades más desgarradoras. Alejandra no tiene miedo; ese sentimiento lo perdió cuando la violentaron. Lo que siente es el dolor de ver que, a pesar de los años de lucha, la sociedad sigue sin comprender que el daño infligido a una mujer diversa es un daño infringido a la humanidad entera. "Lo que te daña a ti, me daña a mí", sostiene. Su llamado es claro: hay que mirar hacia atrás, hacia el pasado, para no permitir que los muertos queden "moridos" y para construir, por fin, un presente donde la paz sea una realidad sanadora para todos.

________________________________

Lina Marcela Sánchez Gómez - Comunicadora social (EF) 

Correo electrónico  

Página web

Redes sociales

________________________________

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no comprometen la posición editorial, institucional o periodística de Enfoque Objetivo. El medio actúa únicamente como escenario de difusión de ideas y garantiza el respeto por la libertad de expresión y el pluralismo informativo.

Publicar un comentario

0 Comentarios