El programa de Gobierno del nuevo presidente Abelardo de la Espriella “Patria Milagro” promete autoridad sin negociación, pero arriesga desmontar avances recientes en seguridad y modernización. La gran incógnita es si Colombia sacrificará una visión estratégica de largo plazo por medidas meramente de choque.
Por Dayana Olivera | El 7 de agosto, De La Espriella asumirá la presidencia con un discurso de autoridad, que lo caracterizo durante toda la campaña presidencial. Su programa “Patria Milagro, resumido en crear unidades élites integradas por una red civil de patrullaje urbano armada e integrada por veteranos y reservistas de la Fuerza Pública, construcción de mega cárceles y fin del INPEC y reafirmar el monopolio estatal de las armas. El argumento central es claro: Colombia enfrenta una “Pandemia de inseguridad” que requiere de “mano dura” que imponga la ley mediante la Fuerza.
Sin
embargo, esta narrativa desconoce avances recientes en materia de seguridad y
modernización. Durante el gobierno de Gustavo Petro, se incrementó el
presupuesto militar en un 47 %, se dignificaron los salarios de soldados y
policías, se fortaleció el pie de fuerza y se modernizó la capacidad aérea con
la compra de aviones Gripen y el desarrollo del fusil colombiano Jaguar.
Además, se estructuró el CONPES 4187, un plan de 13 billones de pesos
adicionales para potenciar la tecnología aeroespacial y el combate estratégico
en un horizonte de diez años.
El
contraste es evidente. Mientras Petro apostó por una política de seguridad
multidimensional, que diferenciaba entre defensa externa y protección del orden
público, De La Espriella plantea una estrategia de choque inmediato. Su
programa incluye fumigación aérea, erradicación manual, persecución de
capitales, extinción de dominio express y extradición. Medidas que, aunque
contundentes, reproducen esquemas ya probados en décadas anteriores, con
resultados limitados y altos costos sociales.
El
CONPES 4187, por su parte, buscaba diversificar proveedores internacionales,
reducir la dependencia de un solo país y fortalecer la resiliencia ante
escenarios de conflicto. La distribución de recursos fue clara: Ejército (5,8
billones), Armada (3,4 billones), Policía (2,3 billones) y Fuerza Aeroespacial
(1,3 billones). Más allá de las cifras, el plan representa una apuesta por la
autonomía tecnológica y la modernización de la Fuerza Pública.
La
crítica central es que “Patria Milagro” parece ignorar esa visión de largo
plazo. Al concentrarse en la destrucción de las “330.000 hectáreas de coca” y
en la creación de bloques de búsqueda contra la extorsión, el programa reduce
la seguridad a un combate frontal contra el crimen, sin atender las dimensiones
estratégicas de la defensa nacional. La seguridad en el barrio, con veteranos y
reservistas, puede sonar atractiva, pero difícilmente sustituye la necesidad de
inversión en inteligencia, tecnología y capacidades aeroespaciales.
Además,
la narrativa de que la “Paz Total” fue una traición a la patria desconoce que,
bajo Petro, se avanzó en la desarticulación de economías criminales mediante
inteligencia financiera y judicialización. La dignificación salarial de la
tropa, el avance de recuperación de zonas que históricamente eran controladas
por el Narcotráfico como el cañón del Micay y la modernización del armamento
fueron pasos concretos para fortalecer la autoridad del Estado sin recurrir
únicamente a la represión.
Históricamente,
Colombia ha oscilado entre políticas de choque y planes de modernización. El
Plan Colombia, la Seguridad Democrática y el Posacuerdo son ejemplos de cómo
las prioridades cambian según el gobierno. El riesgo ahora es que el CONPES
4187 quede archivado, sacrificando la autonomía tecnológica y la resiliencia
militar por una estrategia de corto plazo.
La
pregunta de fondo es si la autoridad que promete De La Espriella se construirá
sobre instituciones modernas o sobre la repetición de fórmulas pasadas. La
fumigación aérea y la extinción de dominio express pueden dar titulares, pero
no garantizan soberanía tecnológica ni fortalecimiento estructural de la Fuerza
Pública. La verdadera seguridad requiere visión estratégica, inversión
sostenida y capacidad de adaptación a las amenazas del futuro.
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Dayana Olivera Luna / Historiadora y comunicadora estratégica
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