El mayor temor del establecimiento polÃtico no es una juventud osada, sino una ciudadanÃa juvenil organizada, consciente de sus derechos y decidida a disputar los espacios donde se ejerce el poder, en un posible escenario en las locales del 2027
Por Marlon Méndez | En el paÃs nos han repetido la misma frase: “Los jóvenes son el futuro del paÃs”. Suena agradable, pero también es una forma execrable de pedirnos que esperemos nuestro turno. Y la verdad es otra: la juventud no es el futuro, es el presente. Un presente que rompe el statu quo.
La ciudadanÃa juvenil no consiste únicamente en tener la edad de 14 a 28 años como lo establece la norma, votar cada cuatro años a los consejos de juventud, actualizar las plataformas juveniles o pertenecer a una expresión juvenil diferente a las anteriormente mencionadas o incluso aparecer en una foto durante una campaña polÃtica. Pertenecer a la ciudadanÃa juvenil es mucho más que eso. Es comprender que tenemos derechos, asumir responsabilidades y participar activamente en las decisiones que afectan nuestros barrios, comunas, corregimientos y a la misma juventud.
Hoy, muchos jóvenes, personalidades polÃticas reconocidas, periodistas, los integrantes del colectivo Reforma Juvenil el cual llevo 5 años liderándolo e incluso mis familiares más cercanos se preguntan, porque insisto en utilizar el término de “ciudadanÃa juvenil” en mis discursos y en cada espacio donde tengo la oportunidad de dirigirme a las comunidades. La respuesta es sencilla: porque no se trata de una frase de moda, ni mucho menos un lema con intenciones politiqueras. Se trata de una convicción, estoy plenamente convencido de que si los más de 50 mil jóvenes del puerto petrolero entienden la ciudadanÃa juvenil como herramienta de transformación social, el contexto polÃtico juvenil nacido desde el 2021 en el marco del estallido social fuese diferente, para una ciudad como la nuestra marcada por la historia como cuna de luchas sociales en Latinoamérica, pero marcada por un establecimiento polÃtico de una indigencia intelectual, ética e institucional tan profunda que ha terminado por normalizar su propia decadencia en materia de juventud, mismo establecimiento que en campañas utilizaron a los jóvenes cual objeto y cuando llegaron a sus cargos los desecharon cual residuo y se incomodan por lo contemplado en el artÃculo 37 de la constitución polÃtica de la nación.
Por ello, para hablar de la ciudadanÃa juvenil es importante describir sus tres dimensiones. En mi caso, hablo desde la experiencia. Estuve dos años y seis meses en el Consejo Nacional de Juventud y fui el único consejero de juventud barranqueño que culminó el perÃodo legal 2022-2026.
Otros compañeros renunciaron porque no veÃan futuro en este espacio; otros, en cambio, prefirieron buscar un lugar en la AlcaldÃa y allà continúan, detrás de los llamados "grandes polÃticos", en busca de un contrato de prestación de servicios (CPS). Sin embargo, en ese camino terminaron olvidados y, en cierta medida, castigados por el mismo movimiento juvenil al que alguna vez representaron.
Hoy tengo la oportunidad de continuar en la nueva vigencia del consejo de juventud y, al mismo tiempo, ejercer como veedor de la Plataforma de Juventud desde el año 2025 hasta la fecha. Esta trayectoria me convierte en uno de los actores con mayor experiencia dentro del subsistema de participación juvenil, no porque hayan sido años dedicados a posar para la foto, sino porque estuvieron respaldados por un discurso de resultados y un trabajo cuyos efectos son visibles, como por ejemplo la gestión y el control social que implementé durante 4 años, para que en la bella hija del sol se hable de la comisión de concertación y decisión estipulada en el estatuto de ciudadanÃa juvenil en los artÃculos 66,67,68,69,70 y 71 muestra fehaciente de lo que es la llamada ciudadanÃa juvenil que he venido promoviendo . La historia que he construido dentro del subsistema de participación juvenil ya está escrita con hechos. No en vano, entre risas y reconocimiento, algunos jóvenes me llaman "el Messi de la juventud", lo interpreto menos como un elogio personal que como un recordatorio de la responsabilidad que implica abrir camino para quienes vienen detrás. Al final, el verdadero liderazgo no consiste en ocupar un cargo, sino en dejar una huella que fortalezca a quienes trabajen por los y las jóvenes y amplÃe las oportunidades para las nuevas generaciones.
La primera dimensión de la ciudadanÃa juvenil es la civil. Significa entender y reconocer que cada joven barranqueño merece vivir con dignidad, sin discriminación y con la libertad de expresar sus ideas. Pero también implica entender que nuestros derechos caminan de la mano de nuestros deberes: respetar al otro, cuidar lo público y construir una convivencia basada en el diálogo social juvenil.
La segunda es la dimensión social, que nos recuerda que nadie transforma un territorio solo. La ciudadanÃa juvenil también se vive cuando lideramos proyectos comunitarios, impulsando actividades culturales, protegiendo el medio ambiente, defendiendo la educación pública, promoviendo el deporte y ayudando a quien más lo necesita. Cada acción colectiva fortalece el tejido social y demuestra que la juventud sabe construir soluciones para un territorio golpeado por la violencia y la muerte sistemática de sus juventudes.
Finalmente, la dimensión publica, y quizás sea la que más miedo genera a quienes prefieren una juventud silenciosa antes que una juventud osada y deliberante, esta dimensión mueve las fibras de la alcaldÃa sus secretarios y los concejales quienes en sus sesiones rara vez han incorporado un tema serio sobre la ciudadanÃa juvenil. Participar en polÃtica no es pertenecer a un partido; es organizarse, debatir, hacer control social y ciudadano, presentar propuestas y ocupar los espacios donde se toman las decisiones. Cuando la juventud abdica de la polÃtica, no deja un vacÃo; lo llena el poder de siempre. Y las consecuencias de esa ausencia suelen traducirse en decisiones tomadas sin contemplar la ciudadanÃa juvenil, sin su perspectiva y, con frecuencia, en contra de sus intereses.
Esta dimensión no se limita a participar en elecciones o ejercer cargos públicos, implica incidir en las decisiones colectivas promover el dialogo social en las instancias donde se toman medidas que inciden en la realidad de los y las jóvenes.
Ser joven no es una excusa para ser ignorado; es una razón para ocupar un lugar en el debate polÃtico. En esta ciudad existen jóvenes con la preparación, la capacidad y la legitimidad para dar la discusión de tú a tú con los concejales u otros actores polÃticos.
Ese silencio institucional no es casual: refleja el poco interés que históricamente ha tenido la clase polÃtica por incorporar las voces jóvenes en la construcción de las decisiones públicas desconociendo asà la ciudadanÃa juvenil.
Sin embargo, la lÃnea del tiempo demuestra que las grandes transformaciones sociales nunca han surgido de la resignación, sino de una juventud inconforme, crÃtica y valiente, capaz de cuestionar el poder y de proponer nuevos caminos para la sociedad
Hoy el verdadero desafÃo no es convencer a los jóvenes de que participen. El reto es derribar las barreras que aún les cierran las puertas y dejar de tratarlos como espectadores de una democracia que por ley les pertenece.
La ciudadanÃa juvenil no pide permiso para existir. Se ejerce todos los dÃas, en las aulas, en la familia como núcleo fundamental de la sociedad, en las calles, en los barrios, en los consejos de juventud y plataformas, en los colectivos y en cada espacio donde un joven decide cambiar la indiferencia por la acción.
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Marlon Méndez - Abogado (EF)
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