El salto de secretario a candidato

La delgada línea entre administración pública y la política clientelista en Barrancabermeja  


Por David Patiño | Barrancabermeja, una ciudad marcada por su herencia petrolera, su historia de violencia y la presencia precaria de algunos servicios públicos óptimos tales como (agua y luz), ven cómo un secretario(a), de despacho abandona la tecnocracia para aspirar desde ya encendiendo motores a un puesto ya sea en el Concejo Distrital, Asamblea Departamental o Alcaldía; y esta decisión no obedece a un simple cambio de cargo; sino un acto con profundas implicaciones éticas, administrativas, políticas y electorales.

Lo que está en juego trasciende a la ambición personal y tiene que ver con la gestión de políticas públicas, la confianza de la ciudadanía y la capacidad institucional local para responder a problemas estructurales.

Un secretario que deja la función administrativa para asumir la condición de candidato, deja de lado la meta estructural trazada por un gobierno saliente que si bien es cierto puede estar haciendo las cosas bien, regular o mal, sufre el deterioro de terminar sus aspiraciones personales en el mismo barco político o saltar a otra corriente con su nuevo velero, ya que si no lo hace las implicaciones administrativas le jugarían en su contra, además del riesgo de comprometer la continuidad e imparcialidad de la gestión.

En un distrito donde hay fuertes vínculos clientelistas y casas de poder políticas en crecimiento y sostenimiento, surgen también las redes de poder alternas, que se nutren de la ejecución de los programas sociales antes de la campaña, y que pueden convertirse en una herramienta de proselitismo político, bajo la  asignación de contratos menores, o priorización de obras con impacto mediático inmediato, en sectores populares y de gran presencia electoral, pero sin una planificación técnica sostenible, además de la exposición pública del funcionario.

Los riesgos, en primer lugar son, es que el secretario que deja la función administrativa para asumir la condición de candidato corre el riesgo de comprometer la continuidad e imparcialidad de la gestión del alcalde saliente, señalando los lunares o puntos grises que dejara su administración, sus decisiones, sus contratos, su relación con contratistas y líderes locales, y cualquier indicio de favoritismo o mala gestión puede convertirse en arma de desgaste, y libreto de ataque para el nuevo candidato, que dejara en una encrucijada toda la administración que queda finalizando un proceso de gobernabilidad, con un exsecretario que fue amigo en gobierno tres años y será enemigo o amigo de la administración en campaña política.

También es cierto que contara con información puntual de las necesidades reales, conocimientos técnicos, y conoce los verdaderos diagnósticos; el estado del sistema de salud municipal, la crisis ambiental en las zonas aledañas al río Magdalena, la seguridad y convivencia, las falencias en infraestructura vial y en redes de agua, los vacíos en la atención a las víctimas y la reinserción social.

Su salto seria desde una plataforma de rendición de cuentas y propuestas concretas, que podría elevar la calidad del debate público; transformar promesas vagas en compromisos verificables, exigir continuidad presupuestal para proyectos prioritarios y proponer mecanismos de control ciudadano para reducir la corrupción.

Las intenciones políticas personales para dar ese salto no obedecerán solo a ordenes dentro del cálculo político interno partidista, si no para sostener el poder en el tiempo, pero a ¿Quién? Sera el medidor perfecto de la lealtad del funcionario, que tiene que escoger una de dos o sigue siendo el caballo de troya de la casa política que lo ayudo a crecer, o se desmarca y busca alianzas en el bando contrario, o se alía con otros tiburones políticos afines a sus necesidades en intereses políticos locales y regionales.

En primer lugar, predominará el cálculo electoral, más que su currículo administrativo, el éxito del exsecretario convertido en candidato dependerá de su capacidad para mostrar cambios reales y verificables, para construir redes ciudadanas autónomas y para comprometerse públicamente con mecanismos de control.

Si la transición se hace con transparencia, con propuestas concretas y con una ética robusta, puede ser una oportunidad real para mejorar la gobernanza local; si se hace desde la lógica del dividendo político inmediato, será apenas un episodio más en la rotación del poder que no cambiará las condiciones estructurales de la ciudad.

Factores a tener en cuenta

Implicará transparencia en las decisiones administrativas pasadas, renunciar a prácticas clientelistas y publicar indicadores de gestión, esa instancia requiere una estrategia doble técnica y política.

Una visión de desarrollo del territorio, que articule lo social, ambiental y productivo, con la protección del medio ambiente, formalización laboral en torno a servicios y comercio local, y uso estratégico de regalías y recursos departamentales, para obras de impacto social con la participación ciudadana, concebir la política no como conquista de espacios, sino como habilitador de capacidad local, con veedurías, presupuestos participativos y mesas técnicas con comunidades afectadas.

Desde lo técnico, el candidato debe armar un diagnóstico público verificable: indicadores de gestión, listas de contratos y avance de obras, y propuestas medibles (por ejemplo, metas trimestrales de acceso a agua potable o reducción de tiempos en trámites empresariales). da credibilidad y le permite defenderse mejor de los ataques en tiempos de campaña.

En lo político las claves son la base territorial, las alianzas, el relato, la base exige trabajo sostenido en barrios, corregimientos y sectores de la industria del petróleo, la recuperación de las mega obras y el sostenimiento del comercio; una campaña centrada solo en redes sociales no sirve, además de costarle la credibilidad electoral.

Las alianzas deben ser tácticas pero coherentes, buscando sectores sociales organizaciones de víctimas, juntas de acción comunal, gremios de transporte y pactos sociales, de ser necesario, con fuerzas políticas que respeten el programa mínimo de transparencia y gestión.

“Decidme cómo elegís a vuestros gobernantes y os diré bajo qué régimen vivís.”

Joseph Joubert

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David Patiño - Politólogo, Asesor SVSP, Magister en Proyect Management, Asesor político, Estadista Criminal, - Reserva P. Mindefensa
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