El running como gancho político

En la actualidad, correr parece una actividad individual de alguien que se pone los tenis, sale a la calle y avanza a su propio ritmo.



Por David Patiño | Sin embargo, el running se ha convertido en un fenómeno social que reúne salud, identidad, comunidad, apropiación del espacio público, redes digitales y política. Ya no se corre únicamente para mejorar una marca personal; también se corre para enfrentar una crisis emocional, encontrar compañía, recuperar el control de la vida, sentirse parte de una ciudad, hacer parte de un nicho social o una causa loable o memorable.

Las carreras a pie tiene raíces antiguas, en los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia, en 776 a. C., se disputó el stadion, una carrera de aproximadamente 185 a 192 metros. El atletismo moderno se organizó mucho después, especialmente durante el siglo XIX, y llegó a los Juegos Olímpicos modernos de Atenas en 1896.

Correr como refugio

El auge contemporáneo del running debe leerse junto con el malestar de las sociedades urbanas. Muchos millennials, de aproximadamente entre 30 y 45 años en 2026, se acercan a esta práctica en medio de presiones laborales, desempleo, endeudamiento, conflictos familiares, rupturas sentimentales, crianza, soledad o crisis de propósito.

Los centennials, de aproximadamente entre 14 y 29 años, pueden encontrar en el running una respuesta frente a la ansiedad social, la presión académica, la comparación digital, la incertidumbre sobre el futuro y la necesidad de pertenecer a algo. En ambos grupos, correr ofrece una rutina cuando la vida parece desordenada, la distancia se mide, el progreso se registra y el esfuerzo produce una sensación de avance.

La actividad física puede beneficiar la salud mental y ayudar a reducir síntomas de ansiedad y depresión, aunque no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica. Esta precisión es fundamental; correr puede ser un factor protector, pero no una cura para la depresión ni una respuesta suficiente frente a ideas suicidas.

Crear comunidad a cada paso

En Colombia a principios del 2026 se calculó que aproximadamente 3,4 millones de personas practican running, aunque no se trata de un censo definitivo, la cifra permite dimensionar el tamaño potencial de esta comunidad.

Una encuesta de Corremitierra (Medellín), realizada con 8.949 corredores, encontró una importante presencia adulta: 40,5% tenía entre 31 y 40 años y 20% entre 41 y 50 años. Las distancias más populares fueron 10K, con 36%; 21K, con 26%; y 5K, con 22%.

La capacidad de convocatoria también se observa en los grandes eventos. La Media Maratón de Bogotá llegó a reportar 42.000 corredores, mientras la Maratón de Medellín reunió 30.000 participantes en 2026. Estas carreras no son solamente competencias son concentraciones ciudadanas, vitrinas institucionales, experiencias turísticas y escenarios de comunicación pública.

El crecimiento en el entorno digital

El gran cambio de los últimos años es que una competencia ya no termina cuando los corredores cruzan la meta. Continúa en Instagram, TikTok, Facebook, WhatsApp, YouTube, Strava y otras plataformas. Cada participante puede convertirse en productor y difusor de contenido multiplicador gratis, además publica su entrenamiento, comparte la ruta, muestra la camiseta, registra el tiempo, etiqueta a sus compañeros y comenta la experiencia.

Las redes sociales multiplican las competencias de cinco maneras:

Antes del evento: difunden la convocatoria, los recorridos, los entrenamientos y los retos.

Durante la carrera: producen fotografías, videos, transmisiones, historias y contenidos en tiempo real.

Después del evento: prolongan la conversación mediante resultados, medallas, testimonios y reconocimientos.

Entre eventos: mantienen activa la comunidad con desafíos semanales, rankings y grupos digitales.

Entre ciudades: permiten replicar el formato de una carrera en distintos barrios, localidades y municipios.

Así, una carrera de 5K puede transformarse en miles de publicaciones y conversaciones. La competencia física se convierte en una experiencia mediática compartida. Un corredor no solo participa; también ayuda a promocionar el evento, legitima la organización y amplia su alcance.

Esta lógica es particularmente importante entre centennials y millennials, quienes utilizan las redes para agruparse por afinidades, crear comunidades, expresar opiniones y participar en asuntos públicos. En Colombia, investigaciones sobre redes sociales han encontrado que estas plataformas sirven para interactuar con candidatos, compartir información y promover formas de participación política.

¿Por qué le interesa a la política?

El running es políticamente viable porque conecta tres dimensiones que normalmente aparecen separadas; bienestar individual, comunidad territorial y comunicación masiva.

Para una alcaldía, organizar o apoyar una carrera permite mostrar resultados visibles; parques activos, calles recuperadas, presencia institucional, promoción de hábitos saludables y participación de familias. Programas como “Es Deporte Local” del IDRD, es un claro ejemplo de que las actividades gratuitas, carreras y caminatas en distintas localidades, muestran cómo el deporte puede utilizarse como herramienta de inclusión y encuentro comunitario.

Para una campaña electoral, el running ofrece una forma de contacto menos rígida que la reunión. El candidato puede correr, conversar y recorrer la ciudad junto con los ciudadanos. La imagen transmite cercanía, perrenque, constancia, disciplina, energía, perseverancia y disposición para compartir una experiencia común.

Además, las redes multiplican esa cercanía. Una fotografía del candidato en una tarima tiene un alcance limitado; un video corto corriendo con ciudadanos, acompañado de testimonios y una propuesta sobre parques, seguridad o salud mental, puede circular por múltiples comunidades digitales. La campaña ya no depende exclusivamente de los medios tradicionales, cada corredor puede convertirse en un nodo de difusión.

El potencial político está en que el running permite construir una narrativa sencilla:

"Una ciudad que se mueve es una ciudad que participa.”


Pero esa narrativa solo resulta creíble si la carrera se vincula con políticas concretas sobre seguridad, iluminación, movilidad, accesibilidad, salud mental, empleo juvenil y recuperación de parques, de lo contrario, queda reducida a una operación de imagen.

Deporte y participación ciudadana 

La actividad deportiva puede ser una puerta de entrada a la ciudadanía. Una persona que inicialmente participa por salud o bienestar puede terminar interesándose por la iluminación del parque, la seguridad de la ruta, la calidad del espacio público, la movilidad o la oferta institucional de su localidad.

En Bogotá, los consejos locales de Deporte, Recreación, Actividad Física y Escenarios Recreo deportivos, DRAFE representan un ejemplo de cómo el deporte puede relacionarse con la participación comunitaria y la discusión de políticas públicas.

El reto consiste en pasar de la participación como asistencia a la participación como incidencia. No basta con reunir miles de personas para una carrera; es necesario permitir que esas personas opinen sobre las rutas, evalúen los servicios, formulen propuestas y ejerzan control social y cuidado sobre los bienes públicos. 

El riesgo de la instrumentalización 

El running puede ser una plataforma legítima de inclusión, pero también puede ser instrumentalizado electoralmente. Hay una gran diferencia entre promover una política pública deportiva y utilizar una carrera para obtener fotografías, seguidores o bases de datos.

Una política responsable debe asegurar: acceso gratuito o económicamente razonable, presencia en barrios periféricos y sectores vulnerables, rutas seguras, iluminadas y accesibles, participación de mujeres, personas con discapacidad y adultos mayores, acompañamiento en salud mental, protección de los datos de inscripción, transparencia en la contratación y organización, continuidad del programa más allá de las elecciones, espacios para que los corredores participen en las decisiones. 

También debe evitarse la apropiación partidista de una actividad financiada con recursos públicos. Una carrera institucional pertenece a la ciudadanía, no a un candidato. La administración puede comunicar su gestión, pero debe respetar la pluralidad política y no condicionar beneficios, inscripciones o apoyos de adhesión electoral.

La nueva plaza pública

La política tradicional se desarrollaba en plazas, salones comunales y sedes partidistas. El running introduce una nueva plaza pública; la calle recorrida, el parque activo, el club de entrenamiento y la comunidad digital que acompaña el proceso.

En esa plaza, los ciudadanos no llegan necesariamente convocados por una ideología, llegan porque quieren sentirse mejor, superar una distancia, afrontar una pérdida o encontrar a otros. Desde allí surgen las conversaciones sobre seguridad, salud mental, empleo, movilidad, ambiente y calidad de vida.

El verdadero valor político del running no está en que un candidato aparezca corriendo, sino en que la comunidad de corredores pueda convertirse en interlocutora de la administración. La carrera puede ser el comienzo de una conversación pública, no el final de una estrategia publicitaria.

“Si quieres ganar algo, corre 100 metros. Si quieres experimentar algo, corre un maratón.” Emil Zátopek (Leyenda del atletismo olímpico)

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David Patiño - Politólogo, Asesor SVSP, Magister en Proyect Management, Asesor político, Estadista Criminal, - Reserva P. Mindefensa
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