La historia, cuando no se estudia, corre el riesgo de repetirse, aunque sea bajo nuevas formas. Quienes observamos con preocupación el auge de los discursos de odio, la polarización y la manipulación mediática encontramos inquietantes similitudes entre algunas estrategias de comunicación política actuales y los principios de propaganda formulados por Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi.
Por Andrés Macana | No se trata de afirmar que la Colombia de hoy sea la Alemania de los años treinta o cuarenta, ni de equiparar realidades históricas profundamente diferentes. Sin embargo, sí resulta válido analizar cómo determinadas técnicas de propaganda, descritas hace casi un siglo, siguen siendo utilizadas en campañas políticas contemporáneas.
La Alemania nazi persiguió y exterminó sistemáticamente a
millones de personas: judíos, gitanos, personas con discapacidad, opositores
políticos, homosexuales, prisioneros de guerra, pueblos eslavos y otros grupos
considerados "indeseables" por la ideología del Tercer Reich. Antes
del exterminio vino la propaganda. Antes de la violencia física llegó la
deshumanización del adversario.
Ese es el peligro que la historia nos invita a no ignorar.
El enemigo como estrategia política
En Colombia, la campaña presidencial de Abelardo de la
Espriella ha construido un discurso centrado en la idea de "salvar la
patria" y de enfrentar a un supuesto enemigo interno representado por la
izquierda y el progresismo.
Su lema, "Firmes por la patria", busca
proyectar una imagen de defensa nacional frente a una amenaza política. Más
allá del derecho legítimo a sostener diferencias ideológicas, preocupan
declaraciones en las que ha calificado a sectores políticos como enemigos a los
que enfrentará "con toda determinación" y expresiones como
"destripar a la izquierda radical", aun cuando posteriormente haya
precisado que lo hará "en el marco de la Constitución y la ley".
El problema no radica únicamente en la aclaración posterior,
sino en el efecto político que producen expresiones de ese tipo: convierten al
adversario en un enemigo al que hay que derrotar moralmente antes que debatir
democráticamente.
Al mismo tiempo, su discurso apela constantemente al
nacionalismo, a la defensa de la patria y a referencias religiosas, presentando
su proyecto político como una cruzada moral respaldada por Dios. Cuando la
política se plantea en términos absolutos —el bien contra el mal, los patriotas
contra los traidores— el espacio para el diálogo democrático comienza a
reducirse.
La maquinaria de la desinformación
Las campañas contemporáneas ya no dependen únicamente de los
grandes medios de comunicación. Hoy las redes sociales permiten multiplicar
mensajes emocionales a gran velocidad, muchas veces antes de que puedan ser
verificados.
La estrategia consiste en instalar emociones antes que
argumentos: miedo, indignación, rabia y resentimiento. Una vez esas emociones
se consolidan, resulta mucho más difícil que los hechos logren modificar las
percepciones.
Mientras tanto, problemas estructurales del país, como la
crisis del sistema de salud, suelen presentarse como consecuencia exclusiva del
gobierno de turno, ignorando que buena parte de sus dificultades provienen de
un modelo creado hace más de tres décadas con la Ley 100 de 1993.
Lo mismo ocurre con otros debates nacionales. Se simplifican
discusiones complejas para atribuir toda responsabilidad a un solo actor
político, mientras se omiten factores históricos, económicos e institucionales
que también explican la realidad colombiana.
Los principios de Goebbels presentes en la comunicación
política
Joseph Goebbels sistematizó once principios de propaganda.
Diversos investigadores en comunicación política han señalado que muchas de
estas técnicas continúan utilizándose en campañas modernas, independientemente
de la ideología de quienes las emplean.
En la campaña de Abelardo de la Espriella pueden
identificarse, desde una perspectiva crítica, varios de esos principios.
1. Principio de simplificación y del enemigo único
Consiste en reducir todos los problemas a un único
responsable. En este caso, se presenta a la izquierda, al progresismo y al
gobierno Petro como el origen de todos los males nacionales, agrupando
distintas corrientes políticas bajo una sola etiqueta.
2. Principio de exageración y desfiguración
Problemas reales son presentados con un lenguaje que
amplifica el miedo y la sensación de crisis permanente, reforzando la
percepción de que el país atraviesa un colapso absoluto que solo puede
resolverse mediante un cambio radical.
3. Principio de vulgarización
Los mensajes se reducen a frases sencillas, contundentes y
emocionalmente impactantes. Expresiones como "bandido que no se someta
debe ser dado de baja" o "destripar a la izquierda" son fáciles
de recordar y de viralizar, aunque simplifican debates complejos.
4. Principio de orquestación
Una misma idea se repite constantemente desde distintos
escenarios: entrevistas, discursos, redes sociales, videos y piezas
publicitarias. El lema "Firmes por la patria" constituye un ejemplo
de esa repetición permanente.
5. Principio de renovación
Antes de que una polémica pierda fuerza aparece una nueva
declaración que desplaza la atención pública. El ciclo permanente de
controversias dificulta que el debate se concentre en propuestas de gobierno.
6. Principio de verosimilitud
Se mezclan hechos reales con interpretaciones o afirmaciones
generales para construir un relato más convincente. La existencia de problemas
reales sirve como punto de partida para conclusiones mucho más amplias que no
siempre cuentan con el mismo nivel de evidencia.
7. Principio de silenciación
Se resaltan exclusivamente los aspectos negativos del
adversario mientras se minimizan o ignoran las acciones que puedan resultar
favorables para él. La información seleccionada construye una percepción
parcial de la realidad.
8. Principio de transferencia
Se busca asociar la campaña con símbolos nacionales,
religiosos o patrióticos para generar identificación emocional. La utilización
de la bandera, el escudo nacional y otros símbolos del Estado ha sido objeto de
controversias jurídicas durante la campaña.
9. Principio de unanimidad
Se transmite la idea de que "todo el pueblo"
respalda una determinada causa y que quienes piensan diferente representan una
minoría aislada o incluso un obstáculo para la nación.
La democracia necesita adversarios, no enemigos
Toda democracia necesita debate, confrontación de ideas y
oposición política. Lo que no necesita es convertir al contradictor en un
enemigo al que haya que destruir.
La experiencia histórica demuestra que los discursos que
deshumanizan al adversario abren el camino a formas cada vez más profundas de
intolerancia. La violencia política no comienza necesariamente con las armas;
muchas veces comienza con las palabras.
Colombia ha pagado un costo demasiado alto por la
polarización y la estigmatización. Por ello resulta indispensable que la
ciudadanía examine críticamente los discursos de todos los candidatos, sin
importar su orientación ideológica, y rechace cualquier estrategia basada en el
odio, la desinformación o la eliminación simbólica del contradictor.
La democracia no se fortalece cuando un líder promete
"destripar" a quienes piensan diferente. Se fortalece cuando las
diferencias pueden debatirse con argumentos, dentro del respeto a la
Constitución, las instituciones y los derechos fundamentales.
La historia demuestra que la propaganda puede conquistar
elecciones. Lo que nunca debería conquistar es la conciencia crítica de una
sociedad.
____
Andrés Macana - Comunicador social (EF)
Estoy en todas las Redes sociales así:
Facebook
________________________________
Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no comprometen la posición editorial, institucional o periodística de Enfoque Objetivo. El medio actúa únicamente como escenario de difusión de ideas y garantiza el respeto por la libertad de expresión y el pluralismo informativo.
0 Comentarios