El Día Internacional de la Paz invita a comprender que la convivencia, el diálogo, la inclusión y el respeto por la diversidad también son caminos para construir sociedades más pacíficas.
Por Lina Sánchez | La paz más allá del silencio de las armas, hablar de paz suele llevarnos a pensar en el silencio de las armas, en los acuerdos entre gobiernos o en los conflictos que diariamente ocupan los titulares de los medios de comunicación. Sin embargo, la paz también se construye en escenarios mucho más cercanos: en la familia, las aulas, los barrios, las organizaciones sociales y en la manera como nos relacionamos con quienes piensan, sienten o viven de manera diferente.
Cada 21 de septiembre se
conmemora el Día Internacional de la Paz, una fecha establecida por la Asamblea
General de las Naciones Unidas en 1981 para fortalecer los ideales de paz entre
las naciones y los pueblos. Posteriormente, en 2001, la Asamblea General
estableció el 21 de septiembre como una jornada de no violencia y alto el
fuego, invitando a los países y a las personas a promover la cesación de las
hostilidades durante ese día.
Naciones Unidas +1 en 2026,
Naciones Unidas plantea el lema “Invierte en la paz: para todos, en todas
partes y todos los días”, poniendo la atención en quienes contribuyen a
construir paz desde sus comunidades. La organización señala que la paz no se
limita a la ausencia de guerra, sino que también está relacionada con la
seguridad, la dignidad, las oportunidades y la cooperación que experimentamos
en nuestra vida cotidiana.
Mantenimiento de la Paz de la ONU
+1 este planteamiento permite ampliar la conversación. ¿De qué hablamos cuando
hablamos de paz? ¿Puede existir una sociedad verdaderamente pacífica cuando
algunas personas sienten que deben esconder quiénes son para evitar el rechazo,
la discriminación o la violencia? Estas preguntas resultan especialmente
importantes cuando hablamos de comunidades históricamente expuestas a
diferentes formas de exclusión, entre ellas las personas LGBTIQ+.
Una paz que incluya todas las
voces, para las personas LGBTIQ+, hablar de paz también puede significar poder
vivir la propia identidad con dignidad, participar en la sociedad y desarrollar
un proyecto de vida sin ser objeto de discriminación por la orientación sexual,
la identidad o la expresión de género. Esta perspectiva no plantea que todas
las personas deban pensar de la misma manera, sino que las diferencias puedan
coexistir dentro de una sociedad que reconoce derechos y dignidad para todas
las personas.
La convivencia democrática supone
precisamente aprender a relacionarnos con quienes tienen experiencias,
creencias o formas de vivir diferentes. Podemos tener desacuerdos y mantener
posiciones distintas sin convertir esas diferencias en agresiones. El diálogo,
en ese sentido, no significa renunciar a las convicciones personales; significa
reconocer que la otra persona también merece ser escuchada y respetada.
Por eso, la paz también tiene una
dimensión cultural. Se construye cuando dejamos de normalizar los insultos, los
estigmas y las expresiones que convierten a determinados grupos en objeto de
burla o rechazo. Se fortalece cuando una comunidad encuentra mecanismos para
resolver sus conflictos mediante la conversación, la participación y el
reconocimiento de las diferencias.
La comunicación también construye
paz, como estudiante de Comunicación Social, considero necesario detenernos en
el papel que tienen las palabras y las narrativas. Comunicar no consiste
únicamente en transmitir información. Cada noticia, entrevista, fotografía,
publicación o comentario contribuye a construir determinadas representaciones
sobre las personas y sobre la realidad que compartimos.
Una comunicación responsable
puede abrir espacios para el encuentro y permitir que voces que
tradicionalmente han tenido poca visibilidad sean escuchadas. Pero también
puede reproducir prejuicios cuando utiliza estereotipos, generalizaciones o
expresiones que presentan a determinados grupos como inferiores, peligrosos o
diferentes en un sentido negativo.
En una época en la que las redes
sociales permiten que cualquier persona pueda producir y compartir contenidos,
esta responsabilidad adquiere todavía mayor importancia. Una publicación puede
generar conversación, promover solidaridad y acercar posiciones, pero también
puede alimentar enfrentamientos y discursos de rechazo. Por eso, invertir en
paz también implica preguntarnos qué comunicamos, cómo lo comunicamos y qué
efectos pueden tener nuestras palabras.
Naciones Unidas ha señalado que
las acciones por la paz no ocurren únicamente en las salas de conferencias.
También se desarrollan en las escuelas, los barrios y las comunidades, y pueden
incluir acciones tan sencillas como ayudar a otra persona, impulsar cambios
positivos, generar espacios de conversación o utilizar las plataformas
digitales para contar historias de paz y esperanza.
Naciones Unidas +1 construir paz
desde nuestros territorios, la paz puede convertirse en una práctica cotidiana.
En Barrancabermeja, como en otros lugares del país, hablar de convivencia
implica reconocer que las comunidades están conformadas por personas con
diferentes historias, identidades, opiniones y maneras de comprender el mundo.
Esa diversidad no tiene por qué convertirse en una barrera; también puede ser
una oportunidad para aprender a convivir.
Las organizaciones sociales, los
colectivos comunitarios, las instituciones educativas, los medios de
comunicación y la ciudadanía tienen diferentes posibilidades para contribuir a
esa construcción. Escuchar antes de juzgar, rechazar la discriminación, abrir
espacios de participación y resolver las diferencias mediante el diálogo son
acciones que pueden parecer pequeñas, pero forman parte de una cultura de paz.
La paz, entonces, no debería ser
únicamente una palabra asociada con grandes acontecimientos internacionales.
También debería reflejarse en nuestras conversaciones cotidianas, en la manera
de relacionarnos con nuestros vecinos, compañeros, familiares y comunidades.
Una sociedad pacífica no es necesariamente una sociedad sin diferencias; es una
sociedad que desarrolla herramientas para tramitar esas diferencias sin
convertirlas en violencia.
Una responsabilidad de todos los
días, el 21 de septiembre puede ser una oportunidad para recordar que la paz
requiere participación. El lema de Naciones Unidas para 2026, “Invierte en la
paz: para todos, en todas partes y todos los días”, plantea precisamente una
mirada hacia esas acciones cotidianas y hacia las personas que, desde
diferentes espacios, contribuyen a construir comunidades más estables y
cooperativas.
Mantenimiento de la Paz de la ONU,
invertir en paz también significa invertir en educación, diálogo,
participación, derechos humanos, inclusión y dignidad. Significa comprender que
nadie debería tener que renunciar a su identidad para sentirse seguro dentro de
una comunidad. Significa reconocer que podemos pensar diferente y, aun así,
encontrar puntos de encuentro.
Como sociedad, tenemos la
posibilidad de decidir qué tipo de conversaciones queremos promover. Podemos
alimentar la división o buscar espacios de diálogo. Podemos reproducir
prejuicios o cuestionarlos. Podemos ignorar las diferencias o aprender a
convivir con ellas.
La paz no comienza ni termina el
21 de septiembre. Esta fecha puede servir como recordatorio de una tarea que
continúa durante todo el año: construir relaciones basadas en el respeto,
escuchar otras voces y reconocer que la dignidad humana no depende de que
pensemos, sintamos o vivamos de la misma manera.
La paz también se construye
cuando hacemos espacio para el otro. Y en una sociedad diversa, hacer espacio
para todas las personas también es una forma de construir paz.
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Lina Marcela Sánchez Gómez - Comunicadora social (EF)
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