En el corregimiento de Siberia, en Caldono, Cauca, una tragedia silenciosa se extiende por más de 20 años, afectando la vida de sus habitantes. A pesar de los múltiples intentos por concluir una planta de tratamiento de agua potable, la comunidad continúa consumiendo agua de la quebrada Guaicoche, enfrentándose a las consecuencias de la desidia estatal.
Ciro Efrén y Carmenza Muelas Rodríguez, hermanos de 44 y 53
años respectivamente, representan la realidad de los 1,500 siberianos que viven
en este corregimiento. A diario, su lucha comienza antes del amanecer, pero la
ausencia de un acueducto eficiente y una planta de tratamiento del agua
complica su rutina diaria.
La falta de agua potable es un problema común en la región,
exacerbado por la presencia histórica de grupos ilegales, como las FARC, y
conflictos territoriales actuales entre el ELN, las Águilas Negras y las
disidencias de Dagoberto Ramos. Esta violencia ha dejado un rastro de
asesinatos, reclutamiento forzado de jóvenes y enfrentamientos en territorios
autónomos.
Además del conflicto, Siberia experimenta una carencia
estatal evidente en la falta de servicios públicos eficientes. El acueducto,
gestionado por la Asociación de Usuarios del Acueducto de Siberia (Asuasib), no
cumple con las necesidades de la población, dependiendo de una quebrada sin un
adecuado tratamiento del agua.
A pesar de las inversiones desde 2003 en una planta de
tratamiento de agua potable, la obra, valuada en más de 550 millones, permanece
inconclusa y sin respuesta de las autoridades locales. La comunidad de Siberia,
cansada de la inacción, sigue consumiendo agua sucia, mientras la planta
abandonada simboliza la negligencia que persiste en la atención de sus
necesidades básicas.

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